Cuando se planteaba el porqué de su equivocación encontraba fácil
el origen del error. El momento en que una mala decisión altero la apacible paz
en la que vivía, la tranquilidad que le rodeaba y esa bucólica pero agradable
sensación de felicidad. Aunque claro está, nunca supo que fue feliz hasta que
dejo de serlo. Casi a diario, muy frecuentemente, a cada instante, a cada foto,
repasaba las palabras que salieron de su boca y lo condujeron a un desfiladero
del que tristemente nunca habrá marcha atrás. Se quedó en la línea sin pisarla
y aunque a veces intento saltar el muro, nunca se atrevió realmente a intentar
escalarlo. Por eso opto por la vía fácil, la que todo el mundo tomo a diario,
la que el mismo tanto había rechazado, repudiado e insultado a la cara. Hizo
las maletas y se fue.
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