Hoy he vuelto a salir al balcón a mirar lo último que
quedaba de nosotros. Me pareció raro, asomarme y que no estuvieras tú, gritando
desde abajo y con la sonrisa por estrenar. Mis manías de correr a abrazarte sin
los zapatos puestos y las tuyas de esconderme la cara cuando más quería mirarla.
Supongo que será un gesto involuntario, pero cuando dan las seis vuelvo a mirar
de reojo el balcón. Imagino que el tiempo matara ese gesto, como también nos
matara a nosotros, pero lo que nunca se llevara el tiempo es esa huella que
dejaste en mi camino.
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