domingo, 9 de marzo de 2014

Relaciones opacas.

Vivíamos de prestado, robándole los cuentos a los pequeños y las mejores historias a Valle Inclán. Sembramos tantas flores que cuando llegaron a florecer no conocíamos ni la mitad de ellas. Nos dábamos lo mejor de nosotros mismos los 19 de cada mes, guardado lo peor para el resto del mes. Era tan frenético, tan veloz, tan rápido, que cuando nos quisimos parar los frenos ya no funcionaban. No pensábamos en el mañana porque creíamos que nunca llegaría, era como mirar a la Luna y saber que nunca la tocaremos. Apurábamos las mañanas en la cama y malgastábamos las tardes en el sofá. Recorríamos nuestros cuerpos sin darnos cuenta de que los desgastábamos, que se secaban, que se iban consumiendo como las cerillas. Cuando estábamos en las últimas, te disté cuenta de que se acababa, de que no quedaba madera que echar en el fuego, de que la reserva no daba para más y decidiste bajarte. 
Yo me quedé buscando leña y la gasolinera más cercana, seguía sumido en mis historias. 

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