jueves, 6 de marzo de 2014

Sobre los jueces sin toga.


Sometemos nuestros actos a juicio permanente, ya sea a nuestros propios ojos o a los de los demás. A veces hay voluntariedad en nuestro juicio, es decir, llega un momento en que esa reflexión sobre nuestros propios actos se vuelve tan necesaria que se ejerce por voluntad propia. Caso muy diferente es cuando exponemos nuestros actos al juicio ajeno, es un tema complicado este. Personalmente estoy en contra de esta última exposición, simplemente porque no la considero necesaria.
¿En qué momento los demás tienen la facultad de poder decirme que me he equivocado desde su perspectiva y su contexto que no es el mío? ¿Quién le da poder a alguien para que criminalice y judicialice tus actos?
Ante todo no caigamos en la confusión de consejo y juicio, creo que a diferencia esta bastante claro a mis ojos. No es lo mismo que alguien te dé su punto de vista sobre algún acto concreto, a que critique tus actos sin otra excusa que hacerte creer que tus actos están equivocados desde su prisma. Algo triste esto último.

En definitiva intento sembrar está, mi duda, entre los demás. ¿Necesitamos el juicio de valor de la sociedad? Sinceramente creo que no.

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