Ahora que casi he llegado me he dado cuenta de que tenía
muchísimas ganas de hacerlo. De coger por fin las riendas de esto a lo que
llaman vida y plantarme. Decir no quiero formar parte de esto que han creado y
nosotros continuamos, que no me identifico con lo socialmente aceptado y que me
niego a creer en sus valores y en su moral. Pienso que existe algo más, me
resisto a ver cómo nos matamos a diario y atentamos contra lo poco bueno que
nos queda.
Lo único que puedo aprovechar de este sistema, de esta
sociedad, de esta masa tangible con costumbres y tradiciones es el alcoholismo
que me han inculcado. El deseo y el deber de beber. Quizás parezca de risa pero
parémonos a pensarlo.
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