jueves, 13 de marzo de 2014

Somos de Clase Obrera.

Era la noche más bonita del verano. El cielo estaba totalmente raso y las estrellas danzaban tan rápido como los dedos en un solo de Jimmy Hendrix. El barrio estaba en calma, como la mayoría de las noches de verano, la gente abre las ventanas para que entre más calor. Somos un barrio obrero, los aires acondicionados los vemos de lejos, en las casas de aquellos que si tienen dinero. Pasábamos en la azotea del bloque, apoyados en el tejado observando cómo se quitaban la vida aquellos que se la buscan de noche. Mirábamos atónitos a los gladiadores que el sistema condenó a matarse para poder vivir. Nunca hablábamos de las películas que nos tragábamos noche tras noche en la azotea, era demasiado cruel el hecho de verlo. Aun así, no imponíamos la tarea de verlo, de estar presente desde la distancia presenciando eso. Nuestro motivo era sencillo, debíamos ser conscientes de lo que el sistema hacía con nuestra clase, con gente que vivió en nuestros edificios, con gente que se crío con nuestros hermanos, gente a  la que obligó a prostituirse y venderse. Simplemente nos generábamos conciencia de clase. 

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