sábado, 8 de marzo de 2014

Sobre lo que salva a las personas.

Me pediste que te rescatará. Me sacaste de la cama a las 4 de la mañana cuando yo soñaba que te estabas marchando y ya no podía alcanzarte. Sonó el móvil y tu voz quebrada me traslado de nuevo al sueño sumiéndome en algo que no sabía si era real o seguía dentro de mi subconsciente. Llorando me pedías que fuera a buscarte, me diste tu dirección y colgaste. Yo, seguía medio dormitando y viendo como me decías adiós y no podía hacer nada. De golpe, me subió la adrenalina y desperté, comprendiendo que era real y que procedía de mi subconsciente. Recuerdo que me caí poniéndome los pantalones, como odio los vaqueros, y ni me preocupe de los calcetines. Al coger el coche sentí un escalofrío y encendí algo de alquitrán y nicotina, la primera chupada siempre es la mejor. En menos de 10 minutos estaba en la dirección que me escupiste por teléfono y te vi. Estabas rodeada de gente que chillaba, que se divertía, que reía de borrachera, tu gente. Tu mantenías el silencio de los callejones y tus ojos rebosaban lluvia, me baje del coche y cuando me viste solo moviste la mano cuando te alejabas con el tumulto de gente sin mirar hacia atrás.
Saque el último del paquete, se asemejaba muy bien al momento, porque todo lo bueno se acaba. 

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