Promulga el amor verdadero, cuando lo más parecido que ha
vivido ha salido por la televisión. Utiliza el verso, la prosa y la fina
estructura manía y preestablecida que tan absurda y vacía resulta ahora. Alguna
vez me he preguntado si lo que dice lo llego a pensar, o mucho peor, si lo
llego a meditar. Un mundo lleno de conciencias superiores se me antoja demasiado
gracioso, demasiado patético, demasiado tuyo. Doble moral, doble conducta,
doble rasero… únicamente pura fachada.
Hace poco comenté con un amigo el papel tan incipiente y
creciente de los conciencias. Curioso la situación de los mismos, aquellos que
promulgan de cara a la galería un alarde muy superior de moral a los demás.
Esos que son los primeros en acordarse de los valores tradicionales cuando se
cae Whatsapp, que te incitan a relacionarte y prescindir de ese arma de
destrucción masiva que casualmente tiene más población suscrita que la mitad de
los estados del mundo. Aquellos que te “abren los ojos” durante los momentos
que el móvil se les queda sin batería, aunque no pueden salir sin el cargador
del mismo. Al fin y al cabo, fieles de Android, iOS, Windows y demás dominadores
del día a día de la mayoría del mundo, aunque los conciencias están por encima
de ellos cuando no los tienen entre las manos.
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