Ahora no acierto a darme cuenta cual fue el momento en que
todo se fue. No me percaté de la última señal que nos llamaba la atención de
esa forma tan silenciosa. Tampoco de lo que decían las paredes cuando no paraban
de llorar verde. Fue tan yo, que me olvide de los demás y perdí la penúltima oportunidad
que tuve. Me enrede en eso que llaman fantasía y hoy día sigo perdido por sus
caminos. Algunos al darse cuenta de que no estaban preguntaron atónitos cual
era el motivo de mi ausencia, pobres ilusos que no veían más allá de sus cortos
anteojos. La mayoría perfectamente ordenada ni se dio cuenta. De todas formas,
uno más que menos, nunca importo demasiado.
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