Creo que había sido la situación más enrarecida a la que me
enfrentaba desde que ocupaba ese puesto. Nunca es fácil tener que tomar una
decisión por todos, ejercer la voz de mucho y cargar con las consecuencias,
sean las que sean. Si te equivocas te crucificaran, si aciertas te aclaman.
Ninguna de las dos opciones creo que sea legítima para mí. Nadie debe de tener
tanto poder nunca, aunque por desgracia, es la práctica habitual. Estamos tan
ocupados con nuestra vida, sus complicaciones, con sobrevivir, con comprar, con
gastar, con ser felices…Que dejamos que otros decidan sobre nuestra vida por
nosotros. Cuanto menos es curioso, cuanto poco estúpido. En todos estos
pensamientos se hundía mi cabeza mientras los demás me exigían que mandara
lanzar la bomba, que eran ellos o nosotros. Siempre son ellos o nosotros.
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