Dejaron entrar un pequeño hilo de luz que se reflejaba en los trozos de los espejos rotos. Haciendo añicos la verdad inculcaron la mentira como moneda de cambio entre los individuos. Nos quitaron la realidad y se inventaron una paralela, donde los problemas son minoritarios, redujeron el conflicto a historia y nos dijeron que podíamos vivir sin solucionar el pasado. Encendieron la maquinaria y corrió como la pólvora el rumor. Mientras brindan, el sonido de los contenedores nos recuerda que el tiempo del hambre ha vuelto, mejor dicho, no se fue. Y entre una y otra pantomima sigue fluyendo el río, esfumándose el dinero y perdurando los privilegios. Lo decía Galeano, los nadie.
“Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la
Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica
Roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.”
Eduardo Galeano.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la
Liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica
Roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.”
Eduardo Galeano.
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