Las piedras en el camino son cada vez más grandes, tantos
que cuenta más rodearlas que saltarlas. Me quedo a mitad siempre y no termino
de lanzarme por miedo a caer. Luego hago política de la vida cotidiana, negocio
y busco consenso donde el conflicto es la única solución. Apretó el reloj con
la intención de que todo vaya más lento y que la angustia se quede para
siempre. Pero no, se va, porque siempre sale el sol. Por mucho que llueva,
siempre para, y en los charcos se vuelve a reflejar la luz. Así sigo
recorriendo el camino, mirando constantemente a todos sitios, con miedo de que
aparezcas y las ganas de correr no se me quiten.
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