Malgastamos el tiempo. Invertimos todo a la triste realidad
y lo perdimos como preveíamos. Agotamos las convocatorias esperando a que la de
gracia nos solucionara la vida, y sin darnos cuenta lo que conseguíamos era empeorarla.
Nos hacíamos adictos a lo que fuese por el mero hecho de no ser conscientes.
Primero al aire, luego al agua y por último al amor. Pretendíamos llegar por
encima de los demás pero nos dimos cuenta de que estar encima no significa ser
mejor. Que abajo se vive y arriba se sueña. Las ideas se nos convirtieron en
granizos en la cabeza y el viento intentaba que el impacto fuese más duro.
Tomamos la salida de emergencia sin mirar atrás, convirtiéndonos en caricaturas
de nosotros mismos, en desconocidos con conocimiento, en imanes que se repelen.
Acabamos borrachos, como dos enamorados, recordando cuando nos drogábamos.
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