Antes de entrar por la puerta cada mañana me trago la vergüenza,
con un poco de agua, sino es imposible que baje. Me doy tres toques en el pecho
como señal de convencimiento, de reafirmación moral, que realmente es
inexistente. Presumo de capacidad explicativa, de claridad de palabra y de
decisión a la hora de actuar. Esas son las mentiras más comunes de mi catálogo
de falsedades, he tardado en confeccionarlo. Interpreto la vida de otra
persona, de una que yo mismo me invente. Una fachada confeccionada a medida,
hecho para que todo encaje. Realmente mentir no es tan difícil cuando dejas tu
vida en casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario