La paradoja de vaciar tu vida de contenido y llenarla de
risas. La tarea de hacer de cada día el único motivo para que llegue el
siguiente. La obligación de ser feliz y la necesidad de lograrlo. El compromiso
conmigo mismo. El ansia por saber, entender y comprender. El éxtasis de un
beso. La complicidad de una mirada. El sobrevivir como habilidad innata. La
amistad como valor y el odio como recurso. La melancolía como estado y la
tristeza como ánimo. Mi madre como símbolo y mi padre como bandera. La
confianza para levantarse. Y sobre todo, el saber que nada fue en vano.
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