Cuando te diga la verdad, lo que realmente pienso y he
pensado siempre te daré cinco minutos para que la asimiles y luego dejaré que
vomites todo en mi cara. Te obsequiaré con el placer de lanzarme tus
suposiciones, acusaciones, verdades, sentimientos, creencias y toda esa basura
que te conforman como persona. Ni me inmutaré, no moveré ni un musculo para que
no te sientas perturbada en mitad de tu relato. Cuando termines te daré agua,
porque posiblemente la necesites, llevas demasiados años guardando todo ese
tipo de cosas y se te resecara la boca, suele ocurrir. Luego miraré como te
marchas y esa noche, solo en mi cuarto, será la más tranquila de mi vida.
Posiblemente porque me habré quitado de encima el peso más grande que jamás he
tenido, tu.
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