martes, 17 de junio de 2014

Nos sobra el amor.

Sufro de trastornos habituales, es decir, mi cabeza se tira por el balcón y mi estado anímico la acompaña a diario. La escena es muy graciosa. Mi cabeza se queda en el filo de la barandilla ya amenaza con saltar por la mera emoción de sentir que ya no importa nada. Mi estado anímico dialoga pacientemente con ella y le ofrece todos los placeres de la vida. Le habla de la tranquilidad de los domingos, las puestas de sol en verano, una cerveza bien fría, esas risas que se quedan en el aire  y sobre todo el placer de sentirte vivo. Ella se lo piensa haciendo equilibrio, en definitiva jugándose otro trastorno. Mi pobre estado anímico entra en crisis, se viene abajo y se sube con ella, por un momento se enamoran y deciden saltar juntas. Yo observo los acontecimientos como el que ve el final de una película que se sabe. Cierro el balcón y abro una cerveza. Desde la cocina ya se les escucha gritar.

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