domingo, 29 de junio de 2014

El pequeño insular.

Hoy voy a permitirme el lujo de contar una historia un tanto peculiar de un buen amigo, que se fue, volverá y se volverá a ir. Un tipo bastante peculiar sin duda, al que le perdían el alcohol, la comida y fundamentalmente las tías. Curioso era verle bailar en las discotecas con su pose de seductor que era el centro de las miradas, femeninas por supuesto. La gran diferencia entre él y el resto, era su capacidad camaleónica para adaptarse a cualquier ambiente. Con la conversación precisa, la broma justa y la sonrisa adecuada pasaba como uno más en los múltiples estilos que alberga nuestra vida moderna. Creo que el ser insular le otorgaba un plus respecto a los demás. Dispuesto siempre, activo a veces y cachondo por naturaleza. A veces entrabamos en debates sobre la isla y la península, los forasteros y los autóctonos pero siempre llegábamos a la misma conclusión, vivir en una isla es peligroso, sabiendo que los polos se deshielan y una ola de más de 100 metros es bastante probable. El caso es que de vez en cuando suena el teléfono y cuando lo cojo se escucha al otro lado: Si me acerco a tu boca y te invito a una copa, ¿Qué me dirías? Y yo respondo, que se empañen los vidrios y las reglas que goses.

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