lunes, 22 de septiembre de 2014

Un inciso necesario.

Esto es un verdadero caos, un despropósito en toda regla. La gente buscaba esconderse en los soportales de la lluvia y él se dejaba empapar en mitad de la tormenta. Rompía el orden establecido de la mejor forma que sabía, sin hacer nada. La ropa le pesaba casi más que su alma, porque una la sentía y la otra se le resbalaba. Era consciente de que el granizo se aproximaba, de que empeoraría la situación y algún rayo le alcanzaría. La parálisis celebrar, muscular y sentimental le hacía permanecer inerte en mitad de ningún lugar. Las decisiones se quedaron aparcadas para él en la barra del penúltimo bar que piso. La duda ya no le pertenecía, porque todos eran más responsables que el para interrogarse sobre el motivo. Él seguía sintiendo la lluvia, doliéndose por cada granizo que caía en su cuerpo y esperando que los rayos los sintieran sus zapatos.

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