Ya solo quedan las nota sueltas que van haciendo escalas y
formando melodías cuando se rozan. Ya apenas se nota el olor de la primavera
cuando tocas la calle. Casi ni se siente uno mismo al respirar, al tomarte a
sorbos pequeños la vida. Pienso en las tormentas que golpean los cristales, en
el granizo cayendo en la alfombra, o en alfeizar de la ventana. Me llena de
orgullo y satisfacción, eso se oye desde el televisor, mientras las avenidas se
comen el tráfico, los edificios engullen la tierra, las ventanas se multiplican
y yo sigo esperando a que algo caiga del cielo. Una oportunidad, una esperanza,
una de esas señales apocalípticas que me digan que toda va bien, porque al fin
y al cabo, nunca está demás que te lo diga otro.
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