Pedías medias noches entre estrellas
mientras yo solicitaba sinceridad dosificada. Argumentabas el fracaso
como medio de superación y yo observaba los motivos por los cuales
la primavera te sentaba tan bien. Disfrazabas las penas con una
sonrisa que oscurecería al sol de medio día pero siempre era yo el
que bajaba la luna para ponerla en medio. Contradicción tras
contradicción hallamos una verdad, de esas que no sientan cátedra
pero son igual de seguras. Firmamos un contrato para que no se nos
olvidara que nos seguíamos queriendo aunque la media mitad de
nuestro mundo supiera que era mentira. Luego nos disputábamos la sin
razón con la almohada, con las sabanas y con la lavadora, que
siempre acababa centrifugando.
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