martes, 9 de septiembre de 2014

Una música de cualquier parte.

Asistimos impasibles a la reducción más cruel del ser humano, a la caricatura más rocambolesca que se percibe en la sociedad. La gente se desprende de los valores básicos y consume los de fin de semana. Ya no quedan principios, ni ideas, ni genialidad, posiblemente porque alguien los compro y ahora comercializa con ellos. Los pensamientos no son propios, ni si quiera son inventados sino que los consumimos prefabricados. Y entre tanto, se va perdiendo la chispa que hace estremecerse al cerebro, las inquietudes no duran más de un segundo y el amor ya no se hace, se vende en la barra de los bares. ¿Qué queda para los demás? ¿Qué quimera debemos realizar para volver atrás? Mientras tanto, los días se vuelven más nublados, la tristeza se choca contigo al salir del metro y las ganas de volar se quedan perpetuas en el aire.  

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