miércoles, 3 de septiembre de 2014

Otro sueño que se va.

Hoy es uno de esos días que te alegras de haberte levantado, de respirar, de darle una oportunidad al olvido, uno de esos días en los que el café sabe a café y las tostadas no se han quemado. Pisar la calle y sentir que la suela no se desgasta, que el panorama es un mosaico compuesto de mil detalles, de mil historias y de solo una percepción. Avanza las horas y no despiertas del sueño, de esa realidad que hoy, precisamente hoy, parece diferente a todas las anteriores. Te llega ese aire de medio día, las casualidades te sonríen y te toman el pelo. Coincides con las caras que tenías en mente y saboreas un momento de placer, una conversación deseada, una simple mirada cómplice. Termina la jornada con la puesta de sol que te guía en mitad de la urbe, con una melodía que te llega de no se sabe dónde, con las caras de felicidad de una pareja que se cruza y mira con cariño.

Acabo el día abrazado de prestado, soñando con que el momento no se acabe, con que las noches sean eternas y el cigarro innegociable. 

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