Tiraste de mi cadena y mi corazón se comió toda esa mierda
pseudo romántica que a tu cuerpo le sobraba. No importo el tiempo, ni las
experiencias, ni mucho menos la dedicación a construir un castillo de arena que
de un leve roce hiciste añicos. Tampoco pesaron los silencios que llevábamos a
la espalda, ni que te pusiera mi hombro cada vez que llorabas. El frió tampoco
nos aguantó y el calor hizo que te alejaras un poco más. Ahora llega la primera
y me da pereza salir a oler a flores, a ver como otros que no somos nosotros se
quieren y lo publican a los cuatro vientos, a sentir que ya no siento nada. Ni
si quiera la lastima del momento, la tristeza del hecho, a darme cuenta de que
no puedo contenerme las ganas de llorar.
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