Y cuando abrí la puerta allí estaba él, sudado o mojado realmente
no lo sé, creo que fuera llovía. Empezó a explicarme lo que según él había
pasado, en resumen una sarta de mentiras e historias que dormirían al mismísimo
lucero del alba. Mientras yo seguía apoyada en el marco de la puerta pensando
en que vi en el para enamorarme seis años atrás. Ahora no le encontraba nada
que me llamara, ya ni me gustaba su cara, ni siquiera sus labios, adoraba esa
curva que le hacían diferente. Su diferencia se convirtió poco a poco en
normalidad más absoluta pero allí seguía yo, admirando la bajeza del ser
humano. Cuando acabo su historia estuve a punto de bostezar pero por respeto me
contuve.
-
¿Has acabado?
-
Sí. Estoy esperando a que digas algo
-
Adiós. –y cerró la puerta-
Instintivamente miro por la mirilla y vio cómo se quedó
impasible ante la puerta y comenzó a llorar. Quizás era el mejor papel que
había interpretado en su vida y seguro que llevaba colirio en los bolsillos,
jamás lo había visto llorar. Dejo la mirilla y avanzo hacía la cocina a servirse
un café, mientras caminaba sonó un disparo. Realmente no era tan buen actor.
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