viernes, 21 de febrero de 2014

Se abre el telón.

Y cuando abrí la puerta allí estaba él, sudado o mojado realmente no lo sé, creo que fuera llovía. Empezó a explicarme lo que según él había pasado, en resumen una sarta de mentiras e historias que dormirían al mismísimo lucero del alba. Mientras yo seguía apoyada en el marco de la puerta pensando en que vi en el para enamorarme seis años atrás. Ahora no le encontraba nada que me llamara, ya ni me gustaba su cara, ni siquiera sus labios, adoraba esa curva que le hacían diferente. Su diferencia se convirtió poco a poco en normalidad más absoluta pero allí seguía yo, admirando la bajeza del ser humano. Cuando acabo su historia estuve a punto de bostezar pero por respeto me contuve.

-          ¿Has acabado?
-          Sí. Estoy esperando a que digas algo
-          Adiós. –y cerró la puerta-


Instintivamente miro por la mirilla y vio cómo se quedó impasible ante la puerta y comenzó a llorar. Quizás era el mejor papel que había interpretado en su vida y seguro que llevaba colirio en los bolsillos, jamás lo había visto llorar. Dejo la mirilla y avanzo hacía la cocina a servirse un café, mientras caminaba sonó un disparo. Realmente no era tan buen actor. 

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