viernes, 28 de febrero de 2014

Once pasos, abrir y salir.

Aguardaba el momento justo para disparar. Las balas rozaban el hormigón de la columna que lo cubría y el mismo escuchaba los chasquidos que producían contra aquella estructura que en ese momento le estaba salvando la vida. Sentía fría la culata de su nueve milímetros entre sus manos, respiraba y esperaba su oportunidad. En su cabeza resonaba su propia voz diciendo –cinco balas, doces pasos y la puerta- era exactamente lo que le preocupaba. Mantenía la tensión intentando llevar de cabeza el número de disparos que resonaban alrededor –doce, trece, catorce, quince…- esperando a llegar al veinticinco. Esa sería su única oportunidad, justo cuando cambiara el cargador tendría sus cinco balas que le cubrirían para llegar a la puerta. Después allí todo debería ser más fácil, o al menos eso creía él. Sonó el disparo número veinticinco. Desde la columna disparo su primera bala, sin moverse aún, se asomó lo más rápido que pudo y tiro sus otros tres tiros antes de llegar a la puerta. Justo cuando la alegría empezó a invadir su cuerpo por ver la puerta tan cerca, sintió como las tres balas que venían de la otra punta de la habitación rompían su cuerpo. Once pasos no fueron suficiente, pensó antes de palpar como se desinflaba, eran doce los justos. 

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