Valoramos las acciones, las subidas y bajadas de la bolsa,
las cotizaciones a alza o a la baja y hacíamos un all in aleatorio. Por
nuestras manos pasaban algo más que papel tintando, algo menos que dignidad
plastificada, quizás solo trabajo y sudor. Nos movíamos en una jungla opaca que
se regía por las leyes de la oferta y la demanda, del más y el menos, del tú o
el yo. Con solo pulsar un botón, destruíamos la economía de Guinea y rozar
otro, tambaleamos los cimientos de la sociedad. Por méritos propios o cedidos
nos hicimos invisibles a los ojos de los normales y solo visibles ante la
pantalla de un ordenador. Nadie conoce de nosotros más que nuestros salarios,
nuestros trajes o nuestras visas. La realidad de que algunos den leche a su
gato y otros puedan dársela a sus hijos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario