domingo, 24 de agosto de 2014

Mi patria financiera.

Valoramos las acciones, las subidas y bajadas de la bolsa, las cotizaciones a alza o a la baja y hacíamos un all in aleatorio. Por nuestras manos pasaban algo más que papel tintando, algo menos que dignidad plastificada, quizás solo trabajo y sudor. Nos movíamos en una jungla opaca que se regía por las leyes de la oferta y la demanda, del más y el menos, del tú o el yo. Con solo pulsar un botón, destruíamos la economía de Guinea y rozar otro, tambaleamos los cimientos de la sociedad. Por méritos propios o cedidos nos hicimos invisibles a los ojos de los normales y solo visibles ante la pantalla de un ordenador. Nadie conoce de nosotros más que nuestros salarios, nuestros trajes o nuestras visas. La realidad de que algunos den leche a su gato y otros puedan dársela a sus hijos. 

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