miércoles, 27 de agosto de 2014

Aquellos maravillosos años.

Estaba tan harto de perseguirte como de seguir un camino que nunca tiene fin. Se detenía en las avenidas céntricas con la esperanza de que cualquier esquina, recoveco o callejón le teletransportara al umbral de su puerta. Era una búsqueda que no tenía fin o un fin que no tiene búsqueda. Más tarde comenzaba a echar a suertes la dirección, a jugarse el sentido por los bares y esperar que la señal que nunca apareció se manifestara allí y ahora. Pasaba el tiempo libre como el ocupado, intentando encontrar un atisbo de posibilidad, un hueco de realidad que le dijese que no se equivocaba, pero como siempre, todo era en vano. Ella andará haciendo la vida polvo, exprimiendo los momentos y renovándose. Saltando sobre los problemas, quitándose las penas con sonrisas y regalando besos a los que carecen de ellos. Ella que siempre fue mucho más que él, ella, que ahora eres tú. 

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