Estaba tan harto de perseguirte como de seguir un camino que
nunca tiene fin. Se detenía en las avenidas céntricas con la esperanza de que
cualquier esquina, recoveco o callejón le teletransportara al umbral de su
puerta. Era una búsqueda que no tenía fin o un fin que no tiene búsqueda. Más
tarde comenzaba a echar a suertes la dirección, a jugarse el sentido por los
bares y esperar que la señal que nunca apareció se manifestara allí y ahora.
Pasaba el tiempo libre como el ocupado, intentando encontrar un atisbo de
posibilidad, un hueco de realidad que le dijese que no se equivocaba, pero como
siempre, todo era en vano. Ella andará haciendo la vida polvo, exprimiendo los
momentos y renovándose. Saltando sobre los problemas, quitándose las penas con
sonrisas y regalando besos a los que carecen de ellos. Ella que siempre fue
mucho más que él, ella, que ahora eres tú.
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