Contaba
las olas que venían hacia mí y les restaba las que se iban. Le sumaba la
espuma, la multiplicaba por la sal y la dividía por la suciedad. Unía de dos en
dos las sombrillas, le quitaba los impares y le hacía la raíz cuadrada. Repetía
la acción cada verano, de cada año, de cada lustro que pasaba sin ti, y no sé por
qué el resultado nunca eras tú.
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