lunes, 18 de agosto de 2014
Algo de hipersensibilidad.
Cumplimos las expectativas a media, nos faltaron segundos y nos sobraron hechos. Ya saben lo complicado que es, y si no lo saben se lo imaginan. Luego los instantes aparecen difuminados, los momentos borrosos y las gafas ya no se empañan. Las semanas dicen adiós con el pañuelo al aire, como si las despedidas no tuvieran precio. Ya no se para el tráfico, ni si quiera el tiempo. Todo es demasiado deprisa aparentando vivir en un mundo rebobinado, desbocado, o a saber que adjetivo calificativo. Las ganas decrecen, las alegrías son contadas y esa extraña sensación de fin la untamos a las tostadas por las mañanas. Llegan como aviones esos recuerdos de juventud, esa vitalidad de niño, esas ganas de seguir andando un camino que se ve que acaba. Y ya, nada sabe igual, ni la cerveza fresca ha medido día, ni el cigarro con el café, ni el mismo chiste mal contado, ni los desajustes del día.
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