sábado, 11 de enero de 2014

Vida hipotecada.

Nunca le gustaba decir adiós. Pensaba que los adiós son para siempre y le daba miedo pensar en decir adiós a la persona equivocada por eso siempre se despedía con un hasta luego. Era algo extraño trabajaba para vivir y la vez vivía para trabajar. Le tenía verdadera dedicación a su trabajo. Sus amigos veían como se le iluminaba la cara delante de ese folio en blanco, adoraba escribir, era algo así como la liberación de sus ideas.
Una vez se enamoró y algo cambio. Ya no tenía devoción por su trabajo y mucho menos por aquel folio. Perdió el hábito de devorar los libros y cambio los ratos de reflexión a solas por cuatro renglones torcidos. Por un momento su concepción del mundo cambio y la liberación se convirtió en una forma de esclavitud.


Cuando se desenamoro lo perdió todo. Su arte y su amor. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario