Me dio igual que echaras a correr. Realmente era lo único razonable
que podías hacer ante esa situación. En algún momento se nos fue de las manos y
no nos dimos cuenta. Predicábamos un sentimiento que ni nosotros mismos sentíamos,
ahora lo veo hipócrita.
Mientras disfrutábamos de las sabanas mojadas por nuestro
sudor y las risas que resonaban en la habitación. Parecía algo tan efímero que tenía
la sensación de que si no disfrutaba ese momento nunca se repetiría, en cierto
modo lo era, y no me equivocaba.
Desapareciste corriendo como si el mañana se acabara hoy y
no hubiera vuelta atrás. Aún sigo esperando una palabra de tu boca (en mi
cabeza te escucho a diario) pero sé que jamás llegara. No me creí ese intento
de despedida pseudo romántica, no te pega, aunque la utilice para aprender lo
que no quiero ser.
No quiero ser tu hipocresía, no quiero tu lastima, no quiero
tu compromiso.
Que te vaya bonito.
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