sábado, 4 de enero de 2014

Silencio.

Todo comenzó con esa maldita llamada de teléfono, si hubiera sabido de lo que se trataba…Pero no fue así y tuve que presentarme en su casa. Me abrió la puerta su madre con un gesto muy serio, tampoco es que fuera normalmente simpática, no le preste demasiada atención. Al subir las escaleras de su casa me la encontré sentada en la cama mirando por la ventana, le encantaba aquella colina que se dibujaba a lo lejos y el campo que la rodeaba. Estuvo como quince minutos sin decir nada con ese silencio que tanto incomoda y tanto miedo da romper. Yo seguía pensando que hacia allí, hacía meses que andábamos así. Nunca se acostumbra uno a saltar del pasado al presente sin mirar al futuro y a veces es mejor no tocar nada, por el miedo a que se rompa. Después de esos quince minutos interminables me miro y por fin nos vimos. Acto seguido se levantó y me abrió la puerta con amabilidad, ni si quiera se ofreció a acompañarme a la salida, al salir cerro. Su madre me volvió a abrir con un odio latente y sin darme cuenta volvía a estar en el porche de su casa.


Meses esperando a que me diera una explicación que no pedí y lo peor que ni ella misma podía darme. 

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