Que caprichoso era el destino que le regalaba una vida
entera para que de pronto tuviera que arrepentirse de vivirla a su forma. Le
preparo para él el camino más empinado y con obstáculos del mundo. Sufrió desde
que tenía uso de razón, perdió a casi toda su familia cuando aún no había aprendido
a pensar y le rompieron el corazón tantas veces que con 18 años no le quedaban
ni los restos.
Aun con todo era feliz. Vivía sencillamente, sin lujos ni comodidades
innecesarias. Lo que más le gustaba era leer y escuchan música clásica. No era
un ilustrado ni mucho menos pero de escuchar la sintonía del despertador de su
padre se aficiono desde pequeño a uno de los grandes placeres de este mundo que
se pierde casi sin saberlo.
Cuanto le gustaba soñar, creerse caballero o investigador,
abrir puertas que detrás podían contener a la muerte, saltar de un precipicio
para caer justo sobre el aire. Por eso leía era el único método de soñar
despierto.
Lo vieron por última vez subido en un carro cargado de
libros dirección a la montaña. Algunos dijeron que se hizo un cabañal y ahora
vive allí, dedicándose a la lectura. Seguro que así es más feliz que la mayoría
de este decrepito mundo.
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