miércoles, 22 de enero de 2014

Otra rareza.

Que caprichoso era el destino que le regalaba una vida entera para que de pronto tuviera que arrepentirse de vivirla a su forma. Le preparo para él el camino más empinado y con obstáculos del mundo. Sufrió desde que tenía uso de razón, perdió a casi toda su familia cuando aún no había aprendido a pensar y le rompieron el corazón tantas veces que con 18 años no le quedaban ni los restos.
Aun con todo era feliz. Vivía sencillamente, sin lujos ni comodidades innecesarias. Lo que más le gustaba era leer y escuchan música clásica. No era un ilustrado ni mucho menos pero de escuchar la sintonía del despertador de su padre se aficiono desde pequeño a uno de los grandes placeres de este mundo que se pierde casi sin saberlo.
Cuanto le gustaba soñar, creerse caballero o investigador, abrir puertas que detrás podían contener a la muerte, saltar de un precipicio para caer justo sobre el aire. Por eso leía era el único método de soñar despierto.

Lo vieron por última vez subido en un carro cargado de libros dirección a la montaña. Algunos dijeron que se hizo un cabañal y ahora vive allí, dedicándose a la lectura. Seguro que así es más feliz que la mayoría de este decrepito mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario