miércoles, 10 de diciembre de 2014

Cuando nos quedamos sin azúcar.

Cuando todo funciona por impulsos eléctricos lo normal es pensar que pasará cuando falte la electricidad. Si la energía se termina antes de tiempo y nos deja en un impulso infinito donde no se reconoce ni el principio ni el final. Si nos quedamos parados en la nada de lo infinito, en las lindes del movimiento, a la espera de que vuelva algo que sabemos que no lo hará. Por ese motivo nos volvimos reacciones a contaminarlos y entregarnos por completo a algo que no sabíamos muy bien cuando se pararía, cuando se nos iría la luz. Recurrimos al viejo dicho de que mientras ande funciona, mientras gire que no pare la música, que ya seguiremos nosotros bailando. El remedio fue peor que la enfermedad y nunca nos era suficiente. Empezábamos con café y terminábamos con las copas como los borrachos de fin de semana. Empezábamos por rozarnos las manos y acabamos sin ropa mirándonos a los ojos entre suspiros y olor a tabaco. Acabamos por volvernos ciegos y no pensar cuando se iría la electricidad, por que para sernos sinceros, ya sabíamos que la teníamos dentro.

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