Cuando todo funciona por impulsos
eléctricos lo normal es pensar que pasará cuando falte la
electricidad. Si la energía se termina antes de tiempo y nos deja en
un impulso infinito donde no se reconoce ni el principio ni el final.
Si nos quedamos parados en la nada de lo infinito, en las lindes del
movimiento, a la espera de que vuelva algo que sabemos que no lo
hará. Por ese motivo nos volvimos reacciones a contaminarlos y
entregarnos por completo a algo que no sabíamos muy bien cuando se
pararía, cuando se nos iría la luz. Recurrimos al viejo dicho de
que mientras ande funciona, mientras gire que no pare la música, que
ya seguiremos nosotros bailando. El remedio fue peor que la
enfermedad y nunca nos era suficiente. Empezábamos con café y
terminábamos con las copas como los borrachos de fin de semana.
Empezábamos por rozarnos las manos y acabamos sin ropa mirándonos a
los ojos entre suspiros y olor a tabaco. Acabamos por volvernos
ciegos y no pensar cuando se iría la electricidad, por que para
sernos sinceros, ya sabíamos que la teníamos dentro.
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