viernes, 19 de diciembre de 2014

Sigo de rave

La verdad llama a mi puerta intentando echarla abajo con golpes tan fuertes que resuenan en toda la habitación. Apagó la luz y enciendo lo que queda de razón en el cenicero. Observo con temor como el humo me rodea con esa fina película de ilusión que hace que embobe como un bebe con un sonajero. No salgo de mi abstracción hasta que oigo la puerta desplomarse contra el suelo. Ante mi aparece ella, con rostro severo, como si hubiese llegado la hora de ajustar cuentas. Me limito a asentir, a rendirme antes de entrar en una discusión que esta perdida. Ella vocifera, grita y rompe los cristales, tira la vajilla y blasfema ante mi. Tras la escena sale por donde entró y no da un portazo porque la derribó. Me deja con el polvo levantado, con el alma por los suelos y el corazón listo para comenzar a olvidar.

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