El problema siempre es el equilibrio.
Nos movemos en ámbitos tan subjetivos que cualquier pequeña
variación provoca un terremoto a escalas incontable. Las reacciones
se miran con lupa y cualquier mínima sensación se extrapola a
consecuencias delirantes. Entre tensión y distensión tiramos de la
cuerda. Jugamos con el tiempo, cómo si fuese de arena ,
ralentizándose hasta perder la noción o acelerándolo echando a
suertes a quién le toca pararlo. Abrimos el telón, salen los
actores y nadie se quita la mascara. Representamos el rol que nos
pertenece y actuamos como mejor podemos. Cuando acaba la función
somos completos desconocidos que algún día llegaron a conocerse.
No hay comentarios:
Publicar un comentario