sábado, 29 de noviembre de 2014

Muchas voces y poco argumento.

La putrefacción es preocupante. Avanza de cerebro en cerebro, de neuronas inactivas a aquellas que apenas se mueven, de pequeños a grandes y de grandes a jóvenes. De vez en cuando saltan comentarios al aíre traídos a colación por esos cerebros infectados. Proclaman a los cuatro vientos barbaridades que hacen plantearse la racionalidad humana y la infinidad de la estupidez del ser humano. Invocan en tono jocoso a famosuchos de tres al cuarto, voceros de televisión que tras finalizar la emisión se quitan la careta. Recitan como el padre nuestro una sarta de ataques inconexos que luego se reproducen en las barras de los bares, en los cajeros de los supermercados y las esquinas de los cafés. Todo ésto sin que nadie se haya parado más de media centésima de segundo a ordenar el argumentario, a darse cuenta de lo que repite mecánicamente sin haber lo pensando previamente. Asistimos al suicidio de la sociedad, donde las tendencias mandan, el mercado ordena y nos comunicamos a través de una pantalla.

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