domingo, 14 de diciembre de 2014

Tenemos que habra de ti.

Espero impaciente que me salte tu nombre en la pantalla y así darme cuenta de que no solo yo sigo pensando en ti. Pasan los minutos y reduzco el tiempo a hacerlo pasar hasta que te manifiestes, que suene el teléfono y sea tu voz la que habla desde el otro lado. Agoto la monotonía diaria con la sensación de que la desperdicio. Se me empiezan a saltar las lágrimas cuando veo alguna foto, algún reducto de imaginación que se pierde sin remedio, sin que yo mismo lo pueda evitar. Empiezo a pensar que mi memoria tiene un agujero por donde se le van los recuerdos y cada día que no éstas se va quedando más vacía. Siento escalofríos cuando me doy cuenta de que ya no éstas y por un minuto olvido tu rostro. Ese minuto no es más que la separación inconexa de mi y de ti, de lo único que me queda para seguir. Abandono las ideas cuando suena el móvil, cuando la luz destella y detrás de esa pantalla me dices “sigues ahí”.

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