Acuchillo el atardecer pretendiendo que
no se vaya, que se desangre y se quede perenne en el horizonte. Lo
veo marcharse en cuclillas, en silencio, como cortado en fotogramas.
Contemplo paciente el extinguirse del día, el último respiro del
sol, los rayos residuales que ni siquiera llegan como debiesen.
Expira suave, tomándose su tiempo, amortiguando los minutos contra
el cielo y reduciendo lo triste a una simple postal. Cuando solo
queda la sombra se me aparece tu sonrisa dibujada en un resplandor,
el contorno marcado, la silueta presente y el gesto que la sostiene
difuminada. No aparto la vista encandilado por lo espectacular del
momento, no se mueve el aire y contengo la respiración hasta que se
me escapa ese suspiro, ese suspiro que te echa de menos.
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