Basta ya de anclarse en tópicos
estructurales. De sentarse a esperar que cambie el tiempo y que salga
el arco iris, que corramos cogidos de la mano y pisemos los charcos.
Apreciemos la sinceridad de la mejor manera que se pueda y saquemos
del armario lo que ya no pueda estar allí. Saneemos las alcobas sin
pedir explicaciones y si por casualidad encontramos el mismo polvo
podremos compararlo. Se acabaron los estereotipos, la galería a la
que sonreír y lo socialmente correcto. Desde ese momento odio los
mañanas, las frases banales y la moda social. Gregarios como forma
de comportamiento porque mi imagen siempre sera peor que la tuya.
Arrastro el estigma con el orgullo de que se levanta para traer el
pan, con la humildad de la que friega suelos y con la dignidad de
aquel que vive de su trabajo.
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