viernes, 7 de noviembre de 2014

VII

Ahora que empezáis a conocerme las sensaciones que despertaré en vosotros serán muchas y muy variadas desde luego. Asco, simpatía, odio…y para esos que la iglesia les ha inculcado esa superioridad moral sentirán esa compasión que se parece mucho a la de los ricachones que sueltan 1€ al indigente que pide en una esquina. Como si con esa bondad hipotecada quisieran solucionar el mundo, como odio a esos progres, con sus clases de ética y su parafernalia burguesa.
Ya veis, eso es lo que soy y lo que llevo siendo desde que comencé a andar por mí mismo. Trapicheo como puedo y vivo como quiero, aunque con un margen de reserva vital. Respecto a mi trabajo, porque es un trabajo, debería estar regulado por ley como también debería estarlo la prostitución. Exijo tener una pensión digna cuando no pueda ejercer en óptimas condiciones, siempre no voy a poder correr de la policía y el día menos pensando cualquier indeseable como yo me quitara de en medio, que coño, también exijo un plus de peligrosidad. Doy un servicio necesario a un precio inmejorable, sin restricciones, oferta y demanda. Si es que es, si lo piensas bien, es insoportable soportar el día a día sin drogarse. O fumas, o bebes, o ya se encargará la contaminación de meterte toxinas cancerígenas en tu organismo intoxicado. Si es que, todos estamos drogados, y no necesariamente de droga material. La puta tecnología que te come el cerebro, las adicciones a los 3 y 4G, las redes sociales que hacen que vivas en un Gran Hermano potenciado por ti mismo, la asquerosa televisión con sus 25 horas de cotilleo basura, de programación de mierda. Nadie se ha dado cuenta de que estamos creando trastornos tecnológicos, no me creo que solo yo me haya dado cuenta de eso, por favor.

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