lunes, 10 de noviembre de 2014

Estimado profesor.

Estimado profesor,
Le escribo hoy por el mismo motivo de los últimos 30 días, si ese que usted y yo conocemos pero usted intenta evitar. Como le he comentado en repetidas ocasiones le sigo pidiendo perdón por mi inquina respecto al tema; por mis continuas cartas, tanto por correo ordinario como certificado, por la insistencia que esta rozando la locura; lamento el incidente en la puerta de su casa, o al salir del despacho. Le confesaré que nuestra relación postal ha sido un tanto extraña y como hemos cambiado en ella muy relevante. Recuerdo aquella primera postal casi por accidente, por esa duda que me asalto y que pensé que solo usted me podría responder. Aquella carta a modo de recordatorio cordial, incluso de más. Esos días de espera, esas mañanas mirando el buzón y la progresiva desilusión día tras día. A veces me recorría un escalofrío saber que llegaría y resolvería mi zozobra, que tendría entre mis manos la respuesta y podría descorchar a gusto esa botella de cava que tanto tiempo lleva en mi nevera, casi desde que la encendí por primera vez. Después de 30 días esperando su respuesta y de mis casi 12 cartas sin respuesta, le tengo que decir que me rindo. Aún así sigo esperando su carta, con solo dos letras y un punto. Le pido que confirme lo antes posible.
Un cordial saludo.
Su alumno.”

Cuando fue a llevar la carta al buzón de la calle que estaba enfrente de su casa llego el cartero con un sobre en bastante mal estado, algo mojado y con claros signos de tinta difusa. La dirección casi ilegible, salvo para el avispado cartero, benditos profesionales. Cuando lo tuvo entre sus manos reconoció casi la desaparecida caligrafía del Profesor.

Estimado Alumno,
A la pregunta que usted tan repetidas veces me ha formulado, tengo que contestarle: Si, me he jubilado.”

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