Antes era un poeta, un genio de la palabra que todos
adoraban por mi fina prosa, mi lírica impecable, mi habilidad imaginativa y mi increíble
capacidad adaptativa. Ahora soy un simple drogadicto, el desecho más grande que
esta sociedad puede criar y luego repudiar. La gente descambia mis libros,
devuelve mis poemas y quema mis dedicatorias. Ahora no me piden favores, ni
colaboraciones, ni siquiera me invitan a esos foros de intelectuales de los que
antes las invitaciones me llenaban mi buzón. Ahora dicen que soy un alma echada
a perder, un borracho que se pasó con la dosis y se convirtió en alcohólico.
Los medios me criminalizan y me asocian con los sectores más radicales de la
sociedad, me insultan en esas tertulias de sabelotodo, donde acuden los que van
disfrazados a diario para despotricar de como un genio literario se volvió un
inculto frenético. Me imputan delitos de desorden civil, crímenes contra la
verdad y hasta algún asesinato sin sentido.
Todo esto tiene un motivo fundado, dije la verdad y eso pone
nervioso a los que mandan, pronto empezó a trabajar la maquinaria propagandística
y al día siguiente no era nadie. Es curioso, algunos dicen que vivimos en democracia
aunque yo sigo pensando que en lo que vivimos es una plutocracia.
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