martes, 8 de julio de 2014

Pluto y sus compinches.

Antes era un poeta, un genio de la palabra que todos adoraban por mi fina prosa, mi lírica impecable, mi habilidad imaginativa y mi increíble capacidad adaptativa. Ahora soy un simple drogadicto, el desecho más grande que esta sociedad puede criar y luego repudiar. La gente descambia mis libros, devuelve mis poemas y quema mis dedicatorias. Ahora no me piden favores, ni colaboraciones, ni siquiera me invitan a esos foros de intelectuales de los que antes las invitaciones me llenaban mi buzón. Ahora dicen que soy un alma echada a perder, un borracho que se pasó con la dosis y se convirtió en alcohólico. Los medios me criminalizan y me asocian con los sectores más radicales de la sociedad, me insultan en esas tertulias de sabelotodo, donde acuden los que van disfrazados a diario para despotricar de como un genio literario se volvió un inculto frenético. Me imputan delitos de desorden civil, crímenes contra la verdad y hasta algún asesinato sin sentido.

Todo esto tiene un motivo fundado, dije la verdad y eso pone nervioso a los que mandan, pronto empezó a trabajar la maquinaria propagandística y al día siguiente no era nadie. Es curioso, algunos dicen que vivimos en democracia aunque yo sigo pensando que en lo que vivimos es una plutocracia. 

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