Despido el día en el alfeizar de la ventana mirando como la
levedad del tiempo nos atrapa y nos engulle sin escapatoria para nosotros. El humo
difumina los colores más vivos que se reflejan contra la ventana y mi cabeza
inevitablemente se mueve aun por las lindes de tu pelo. Siento de casualidad el
tacto áspero de tus yemas sobre mi piel, lo uno con otra casualidad y comienza
mi bucle de pensamiento. Intento centrarme en el ruido exterior como medio de desintoxicación,
simulando despegarme de ti, aunque sea que te quedaras impregnada como el olor
del tabaco a mis dedos. Apuro lo que queda de nicotina y se me suceden imágenes,
como flashes de discoteca, bloqueo la emoción mientras cierro la ventana.
Suspiro, se va otra noche y tú sigues aquí.
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