jueves, 17 de julio de 2014

Alcoholismo.

Me quedo absorto mirando como los hielos del vaso se van haciendo agua, mezclándose con el alcohol y disipando el gas. Las luces de este tugurio se están casi apagadas y solo quedo yo en la barra. El camarero termina de barrer y me increpa para que me vaya. Yo, sigo buscando el fondo del vaso, con la ropa del trabajo me rebusco el último cigarro y le digo que me llene para poder disfrutarlo. Su mirada refleja lo que soy, lo calca a la perfección y como buen psicólogo me concede mi deseo.
-          Gracias, hoy lo necesito más que nunca.
-          ¿Tan mal ha estado el día hombre?
-          A decir verdad, no sabría responderte a eso. Mis días son reflejos de luz en un cristal que se van sin pena ni gloria.
-          Con esa respuesta poco puedo ayudarte.

-          Échate una copa y compartamos esta preciosa soledad.

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