Me quedo absorto mirando como los hielos del vaso se van
haciendo agua, mezclándose con el alcohol y disipando el gas. Las luces de este
tugurio se están casi apagadas y solo quedo yo en la barra. El camarero termina
de barrer y me increpa para que me vaya. Yo, sigo buscando el fondo del vaso,
con la ropa del trabajo me rebusco el último cigarro y le digo que me llene
para poder disfrutarlo. Su mirada refleja lo que soy, lo calca a la perfección
y como buen psicólogo me concede mi deseo.
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Gracias, hoy lo necesito más que nunca.
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¿Tan mal ha estado el día hombre?
-
A decir verdad, no sabría responderte a eso. Mis
días son reflejos de luz en un cristal que se van sin pena ni gloria.
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Con esa respuesta poco puedo ayudarte.
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Échate una copa y compartamos esta preciosa
soledad.
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