Pues bueno, no queda mucho más que cerrar la puerta y echar
la última mirada atrás, esa que tiene siempre un poco de nostalgia y de mala
leche. Todo tiene su momento, o todo momento su circunstancia y pese a querer inmortalizar
alguno, son todos efímeros. Los especiales se te quedan en la memoria, pero
solo un parte, tu percepción de ese momento, no el momento real. Por ese motivo
siempre me quedo a medias recordando el final de nuestros polvos, o esa
sensación de satisfacción y acabar rendido a tus pies, o por ejemplo el final
de un te quiero que salía de tus labios.
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