No me digas que te quieres abandonar
ahora al devenir de las olas y dejar que te trague la resaca. Que
estas cansada de planificar cada segundo de tu vida y la solución es
que yo rompa tus horarios. No utilices la gentileza del apelativo
para extorsionarme. Empujarme a la pared y apuntarme tampoco es la
solución. Hacerme participe de un futuro que predices compartido,
venderme la vida como una aspiradora que es la mejor del mercado
tampoco basta. Enfocarlo con el ejemplo del tren me resulta tan
triste que estoy dudando entre reír o llorar. No me hables de
errores entre humanos, de tropezar y levantarse. Cogerme las manos,
acariciarlas y humedecerlas mientras tus ojos hacen trompos. Limítate
a decir la verdad, a decir que soy tu última oportunidad.
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