Abandonarme a saborear un cigarro
mientras tu duermes desnuda en la cama es uno de los momentos más
preciados que guardo. Ver como el humo se desliza sobre tu piel
desierta, rozando el contorno de un dibujo perfecto mientras que
suena un saxofón a lo lejos. La luna reflejada en tu espalda a modo
de señal inconfundible, de promesa inquebrantable, de destino que se
escapa entre las manos. Un escalofrío hace que me busques a tu
espalda, que muevas las manos con la seguridad de encontrarme a tu
lado. El vacío te perturba y con un gesto de duda abres los ojos
esperanzada de que el tacto te haya traicionado o que el sueño haya
jugado con la profundidad. Tu cara se enternece al verme pasmado en
mitad de la oscuridad mirándote y no puedes hacer otra cosa que
sonreír. Sugerirme con los ojos que mi sitio no esta observándote
sino compartiendo tu sueño.
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