La necesidad se va desvaneciendo como
lo hacen las velas cuando se consumen, o como la cerilla que se queda
sin madera que devorar. Confundimos los términos del contrato y
ejercíamos las clausulas de manera diferente. Llego un momento que
no teníamos ni sentido, ni razón, ni cordura que se pareciese.
Vendimos los billetes, desempolvamos los libros y hasta las
obsesiones de Karenina se nos antojaron parecidas. Cuando quisimos
ponerle freno a la espiral de malentendidos entendibles estaba
demasiado cerca la ola de lo imposible.
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